Paradoja de Arquímedes

La paradoja de Arquímedes, nombrada por Arquímedes de Syracuse, declara que un objeto puede flotar en una cantidad del agua que tiene menos volumen que el propio objeto, si su densidad media es menos que esa del agua.

La implicación de esto es que un objeto grande, masivo puede flotar en un relativamente pequeño volumen de líquido, a condición de que sea rodeado por ello. Una aplicación extrema de la paradoja es que un acorazado puede flotar en unos baldes del agua, a condición de que el agua rodee el casco completamente y que el barco habría flotado lo tenía sido en el agua abierta.

Origen

El principio de Arquímedes (también referido como la Ley de Flotabilidad) declara que "La fuerza boyante es igual al peso del fluido desplazado."

En caso de un barco, la fuerza ascendente ejercida en ello es igual al peso del agua del volumen igual a la parte del barco que se sumerge. Si esta fuerza ascendente es mayor que el peso del barco, entonces el barco flotará.

La Paradoja de Arquímedes implica que si un moho del casco de barco se hace y una relativamente pequeña cantidad del agua se coloca en el moho, entonces el barco flotaría en la capa delgada del agua entre sí y el moho, aunque el volumen total del agua sea mucho menos que el volumen del barco.

Explicación

La paradoja proviene del hecho que el volumen de la parte sumergida del objeto es importante, no el volumen actual del agua que es desplazada por ello. En otras palabras, ningún fluido realmente se tiene que desplazar para el principio de Arquímedes para entrar en vigor. El objeto simplemente tiene que ser rodeado por el fluido.

Un método ofrecido para visualizar la solución de la paradoja es conducir un experimento del pensamiento simple. En vez de un barco suspendido en el agua, imagine un balde ligero lleno del agua. Ya que la densidad del balde del agua es lo mismo como el agua en el muelle, el balde permanecería suspendido, o flotación. Nada cambia hidroestáticamente sustituyendo el balde por un barco de la densidad igual o inferior que el agua (que tendría que ser o sea se hundiría en el agua abierta de todos modos), por lo tanto el barco también flotaría.

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